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lunes, 8 de noviembre de 2010

Sapir-Whorf y el Relativismo Lingüístico

        
                                                  Whorf                                                 Sapir

Sapir y Whorf, cada uno por su lado e influyéndose mutuamente, alegaban que no solamente cada lengua tiene su propia organización gramatical, sino que cada lengua organiza el conocimiento acerca del mundo de una manera absolutamente incomparable. No solamente difícil de comparar desde el punto de vista analítico o formal, sino conceptualmente incomparable. Ellos decían que cada cultura organiza el mundo en función de sus categorías lingüísticas, y en la medida en que estas organizaciones o categorías lingüísticas difieren, difieren también las concepciones del mundo que articulan el conjunto de la cultura. Sapir, siguiendo a Boas, aseguraba que las diferentes culturas (en razón de sus idiosincrasias lingüísticas) viven en diferentes mundos, y no en el mismo mundo rotulado de distinta manera.

Uno de los corolarios de esta postura es que la traducción de las lenguas es prácticamente imposible, y en consecuencia también es imposible la comprensión o la explicación de una cultura en términos que no sean emergentes de la lengua que la articula, que la vertebra o que la ordena. No solamente entonces las lenguas son incomparables e intraducibles, sino que hasta cierto punto las culturas también lo son. Esto lleva bastante lejos el principio boasiano del particularismo cultural.

Para comprender cabalmente una cultura, entonces, hay que hablar la lengua que la organiza, hay que ser prácticamente un actor nativo, hay que ser literalmente miembro de esa cultura. Un antropólogo munido de categorías analíticas elaboradas en la tradición académica de occidente, no podría describir una cultura de manera correcta y mucho menos explicarla, según estos autores.

Vemos en principio que ellos identifican lenguaje con pensamiento, y el pensamiento con lo que es la cultura. Mientras que para algunos antropólogos la cultura es un conjunto de elementos que incluye instituciones, técnicas y recursos materiales, que tiene que ver con el ámbito ecológico, que a su vez incluye tecnologías, para los autores que estamos viendo la cultura se restringe a lo expresable a través de una lengua que no se puede traducir. Estos autores son alumnos de Boas, están estrechamente relacionados con él, como mentor o como líder de todo este movimiento particularista e idealista que, con variadas renovaciones, dura hasta la actualidad.

ELEMENTOS DE LINGUISTICA Y SEMIOTICA
Prof. Carlos Reynoso
2007

domingo, 7 de noviembre de 2010

El Signo en el Tiempo

                                                        "Esto no es una pipa" Magritte

El Signo en el Tiempo:

ANTIGÜEDAD:

Los griegos de la antigüedad daban diverso significado al término “signo”. El médico Hipócrates para referirse a los “síntomas” de una enfermedad los llamaba “semeion” (signos); Parménides llamaba “signos” a las pruebas de verificación de algún hecho.

Platón:

Para Platón la mente conoce mediante la reminiscencia de las cosas que el alma había olvidado. Los objetos del mundo son estímulos sensoriales que nos ayudan a reconstruir la verdad a través del recuerdo (Mito de la Caverna).
El mundo trascendental de las ideas es la realidad superior y verdadera. Las palabras no son las cosas, sino que están en lugar de.

Aristóteles: (320 a.C.)

Para Aristóteles es posible conocer la verdad, con mayor o menor acercamiento. Las palabras sirven para darles nombres a las cosas, están en lugar de las cosas. Por eso las palabras no son signos sino símbolos, es decir, cumplen con la función de ser marcas para que la mente reconozca algo. Aristóteles establece la distinción entre signo lingüístico, mente (alma o razón) y realidad representada por el signo.

Para Aristóteles los signos pueden ser de diversas clases (signos, símbolos, indicios). Las palabras son símbolos convencionales (no son verdaderos ni falsos). Una palabra (significante) no tiene ningún significado, sólo adquiere uno cuando se convierte en símbolo: el significado que la convención establece (arbitrariedad).

Los estoicos:

Fueron los primeros en establecer las diferencias entre signo-significante-significado, anticipándose a la ligüística contemporánea.
Para ellos el signo es biplánico (contenido-expresión) que se refiere a una realidad distinta: el referente.

La Edad Media:

San Agustín: (354-430)

En el lenguaje humano verbal se hacen presente tres elementos: la “locución” (palabra proferida con
voluntad de significar algo); la “palabra interior” (que expresa la vida del alma), y la “fuerza recursiva” (representación mental de la cosa aludida).
Agustín distinguió entre signos naturales y signos convencionales. Natural es, por ejemplo, el humo, pues indica fuego. Convencional es la lengua o los gestos.


Tomás de Aquino: (1225-1274)

Las palabras son vehículo de acceso al conocimiento de la realidad. Para él signos son no sólo las palabras, sino también el brote de las plantas (que anuncian la primavera), el rubor del rostro (que indica vergüenza); pero signo por excelencia son las palabras. No son sólo sonido, sino también palabras (conceptos): “Lo hablado es un signo audible de un concepto interior”.

Guillermo de Ockham: (1280-1349)

Para Ockham la realidad sólo es particular e individual, y lo que llamamos ideas universales sólo son nombres (nominalismo), pues no hay esencias específicas universales de los objetos. Los signos son ante todo términos mentales necesarios para comprender la realidad y comunicarnos. Todo término mental es una creación del alma (mentalismo).

Fray Juan de Santo Tomás: (1589-1644)

El signo contiene dos facetas: una instrumental, porque es un medio y vehículo de comunicación, con una dinámica dirigida a los procesos de interacción; y otra faceta interior: formal y cognitiva, ya que el signo sirve para dirigir la mente al conocimiento de las cosas, permitiendo una mejor adaptabilidad al mundo. Son los signos los que nos facultan realizar en forma indirecta esas tareas, por la índole de mediación que poseen (ver Bloomfield).

SIGLOS XVII Y XVIII:

Descartes y Port-Royal:

Port-Royal aplicó el sistema cartesiano de las ideas innatas –es decir, de la presencia a priori de conceptos en la mente- al estudio de las lenguas. Las ideas tienen primacía por encima de la experiencia, por tanto el concepto es más importante que las cosas a las cuales ellas se refieren. El referente de los signos se diluye en la incertidumbre propia de todos los seres materiales. Todos los procesos lingüísticos y semióticos tienen un carácter de categorías mentales.
Los lingüistas de Port-Royal distinguen entre gramática general (aplicable a todas las lenguas), y gramática particular (aplicable a una sola). Poseen la idea de un código universal común a priori, en relación con las diversas construcciones lingüísticas. El lenguaje es un reflejo del pensamiento, y las leyes del pensamiento, son iguales en todas las personas. Los signos se crean a partir de una estructura profunda de la mente, y expresan el significado de una forma común en todas las lenguas. Las lenguas tienen su fundamento en una serie de nociones que se presuponen generales a toda la especie humana, y que permiten construir gramáticas que traducen esa estructura común y natural del funcionamiento mental del ser humano (compararlo con Chomsky).

Tomás Hobbes: (1588-1679)

Las palabras son propiamente signos de las ideas antes que de las cosas. Cualquier signo que se forma en nuestra mente tiene su origen en la experiencia. Las ideas universales no son más que palabras (nominalismo). Las palabras son signos de los conceptos que sirven para conservar los pensamientos en la memoria y comunicarlos a los demás.

 John Locke: (1632-1704)

Cualquier forma del conocimiento proviene de la experiencia, no de alguna idea innata. La mente humana conoce mediante las ideas, que son intermediarias entre la realidad objetiva y la conciencia. Las ideas son los primeros signos que disponemos para conocer las cosas. Las palabras también son signos que nacen de las “ideas sensibles”. Las palabras (sonidos), al nombrar las cosas, son imperfectas, porque se relacionan con las ideas de modo arbitrario (compararlo con Saussure).

George Berkeley: (1685-1753)

No existen los conceptos universales. Las ideas generales no son sino la suma de propiedades y de conceptos particulares (nominalismo). Los signos no desempeñan un rol intermediario entre la realidad y nuestra mente, porque las cosas son nuestras mismas percepciones y las palabras sólo están para nombrar a éstas.

Dionise Diderot: (1713-1784)

El lenguaje verbal distorsiona de alguna manera la realidad, pues se desarrolla en una sola dimensión de duración temporal. En cambio los ademanes y los gestos se realizan según las tres dimensiones, propias del mundo, por lo que tienen más fuerza en la comunicación.

Wilhelm von Humboldt: (1767-1835)

Consideraba a la lengua como un mundo autónomo, sin relación alguna con una supuesta matriz universal, aunque la capacidad para producir signos lingüísticos la tienen todos los pueblos. Cada lenguaje es un sistema único e individual, los signos y los sonidos verbales carecen de sentido, sólo lo adquieren una vez que entran a formar parte de una estructura idiomática, gracias a la función del pensamiento y la mente humana que es capaz de construir reglas y gramáticas. Una lengua está constituida por una estructura general (dada por la mente) y por una forma individual (dada por cada individuo).
Las lenguas son dinámicas y están en continua evolución, porque dependen del espíritu humano que permanentemente va formando léxicos, reglas sintácticas y semánticas. La lengua es un fenómeno histórico, tiene un devenir que depende de la mentalidad y de la sensibilidad de cada pueblo, no hay que buscar en ella formas o esquemas universales.

Resumen hecho del libro de: Victorino Zecchetto: “La danza de los signos”

Conceptos Generales



OBJETO DE LA LINGÜÍSTICA

  La lingüística tiene un doble objeto de estudio:

-       es ciencia del lenguaje,
-       es ciencia de las lenguas.

EL LENGUAJE  (Diccionario de filosofía. Ferrater Mora. Tomo II, pág. 31. Edit. Sudamericana).

  Los presocráticos y muchos pensadores griegos equipararon de algún modo “Lenguaje” y “Razón”. Ser un “ser racional” significaba ser un ente capaz de hablar y al hablar, reflejar el universo. Con lo cual el universo podía hablar de sí mismo a través del hombre.
  El lenguaje es o un momento del logos  o el logos mismo.
  Heráclito y Parménides, tan distintos uno del otro, coincidían en que el lenguaje es un aspecto de la realidad: la realidad hablante. El lenguaje es el lenguaje del ser.
  Los sofistas examinaron el lenguaje desde el punto de vista gramatical como retórico y “humano”. Examinaron en qué medida y hasta qué punto los nombras del lenguaje son o no convencionales. La mayoría propugnaba una doctrina convencionalista del lenguaje y de los nombres. Los nombres son convenciones establecidas por los hombres con el fin de “entenderse”.
  Cratilo, en el diálogo de Platón, defiende la doctrina de que los nombres están naturalmente relacionados con las cosas. Hermógenes, su interlocutor, de que los nombres son convenciones.
  Con respecto a Aristóteles, ver más adelante “Gramática especulativa”.
  Durante la Edad Media las cuestiones relativas al lenguaje fueron tratadas dentro de las investigaciones lógicas, sobre todo en la doctrina de los universales y, sobre todo, de la gramática especulativa y los modi significantdi. En esta época hubo numerosas investigaciones sobre el lenguaje, pero no hubo una filosofía del lenguaje.
  En la Edad Media hubo dos actitudes respecto al lenguaje: una actitud de confianza en el lenguaje (y en su poder lógico) y una actitud de desconfianza hacia el lenguaje. La primera está representada por los racionalistas y la otra por los empiristas.
  Para los empiristas el lenguaje es fundamental para el pensamiento pero al cual hay que someterlo a crítica, pues no porque haya una expresión en el lenguaje, hay una realidad designada por ese término o expresión.
  Para los románticos el lenguaje había que estudiarlo desde el modo o modos en que surgen en una sociedad a lo largo de la historia, pues es uno de los elementos constitutivos de la realidad social e histórica humana y no sólo como un tema de investigación gramatical, semiótica o lógica (Herder, Vico).
  En el siglo XX se considera la crítica del lenguaje, el análisis del lenguaje, como la ocupación principal, sino la única, de la filosofía.

LA GRAMÁTICA ESPECULATIVA (idem. Tomo I, pág. 775)

  Desde la antigüedad (sofistas, Platón en el Cratilo, etc.) los filósofos se han cuestionado sobre asuntos gramaticales.
  En Aristóteles (Categoriae) es difícil ver la línea divisoria entre lo gramatical y lo lógico, o entre cualquiera de los anteriores y lo ontológico. Las categorías aristotélicas aparecen como modos de articular la realidad y modos de clasificar términos en el lenguaje.
  La gramática especulativa nace con Pedro de Helia (Siglo XII). Utilizó en sus escritos las obras de Aristóteles fundiendo los motivos gramaticales con los motivos lógicos.
  Por ser el centro de su estudio los modi significandi se llamó a sus seguidores los modisti. Los modi significandi se distinguían de los modi essendi, objeto de la metafísica, y de los modi intelligendi, objeto de la lógica.
Estos trabajos fueron aumentando con el correr de los tiempos pero su finalidad no era siempre clara, aunque se orientaban con mucha frecuencia hacia un análisis racional del lenguaje, y en general, de todo sistema de signos.
  En el Siglo XVIII era muy común investigar la cuestión de la estructura general de los lenguajes. Era también muy común suponer que todos los lenguajes poseen una lógica común (que es la gramática universal o gramática filosófica) y que esta lógica común, debidamente purificada, es equivalente a la ciencia en tanto que lenguaje bien hecho.
  La gramática (como gramática universal equivalente a la gramática especulativa) puede ser considerada como una ciencia normativa de todos los lenguajes y medios de expresión.
  En la gramática especulativa, los modos pueden ser:

Modi significandi, por ejemplo, el nombre. Corresponde a la semántica actual o semiótica.
Modi intelligendi, o modos de conocer. Corresponde a la lógica.
Modi essendi, o modos de ser. Corresponde a la ontología.

  EL DESCRIPTIVISMO (idem. Tomo I, pág. 425)

  Se describe lo que no puede definirse, agotando en la descripción todas las notas esenciales.
  Junto con la definición, la demostración y la explicación, la descripción es una operación cognitiva.
  La descripción es la pura y simple indicación de lo que aparece en una cosa, de las notas que por sí mismas se revelan de algo. La descripción necesita una enumeración ideal completa.
  Hay ciencias que no son reductibles a una explicación mecánica, como la historia, o las llamadas ciencias del espíritu. De ahí que se hable de ciencias descriptivas opuestas a las ciencias explicativas, como la física. La diferencia fundamental entre ambas ciencias es que las ciencias explicativas intentan saber algo mientras que las ciencias descriptivas intentas saber acerca de algo.

EL FUNCIONALISMO (idem. Tomo I, pág. 731)

  De un modo muy general ha sido utilizado el término función por varios filósofos para expresar el modo de comportarse una realidad o haces de relaciones.
  Función, para muchos, se opone a sustancia. Para otros, la función es el fundamento de la sustancia y viceversa. Así, la función puede ser considerada como función de una sustancia.
  Muy frecuente ha sido en la época moderna la tendencia hacia lo que puede calificarse de primado de la función sobre la sustancia. Se ha hablado de un funcionalismo, enemigo del sustancialismo, y paralelo a la afirmación del primado de lo dinámico sobre lo estático y del devenir sobre el ser.
  Lo característico de estas tendencias ha sido el considerar que un conjunto dado está constituido no por cosas (sustancias en general), sino por funciones, de tal modo que toda realidad es definida por la función que ejerce.

EL FORMALISMO (idem. Tomo I, pág. 719)

  Se da el nombre de formalismo a cierta dirección de la estética y de la crítica literaria en la que sus teóricos afirman que la comprensión de la obra de arte no requiere el auxilio de la psicología, de la sociología, de la historia, y de ninguna ciencia que se refiera al artista mismo, al contemplador o a la situación social o histórica de ambos. La obra de arte es un lenguaje que posee su propia autonomía y que puede examinarse internamente.
  En un principio se atuvieron sólo a las relaciones sintácticas, pero en una segunda etapa se interesaron cada vez más por los aspectos semánticos. Al pasar de la dimensión sintáctica a la semántica los formalistas descubrieron que lo característico del lenguaje artístico no es su ausencia de significado, sino la multiplicidad  de ellos. (Ver “Obra literaria”).
  El marxismo ha combatido el formalismo artístico al cual opusieron el realismo social, porque, para ellos, el formalismo caracteriza la cultura occidental y burguesa y es el resultado de una desvitalización que se opone a considerar la realidad social a la luz del desenmascaramiento ideológico propugnado por el marxismo.

OBRA LITERARIA (idem. Tomo II, pág. 315)

  La obra literaria puede examinarse desde diversos puntos de vista. Pero principalmente de dos: el antropológico y el lingüístico.
   Desde el punto de vista lingüístico, hay dos orientaciones: el lenguaje llamado cognoscitivo, propio de la obra científica, y el lenguaje llamado emotivo, propio de la obra literaria o artística. He aquí sus diferencias:
1)    El lenguaje cognoscitivo, es llamado  también: indicativo, enunciativo, referencial y hasta simbólico. El lenguaje emotivo es llamado también: evocativo, lírico o poético. El lenguaje cognoscitivo tiene una función informativa, el emotivo una función expresiva.
2)    En el lenguaje cognoscitivo la forma puede ser separada del contenido, mientras que en el lenguaje emotivo forma y contenido son lo mismo.
3)    El lenguaje cognoscitivo es reversible, el lenguaje emotivo es irreversible.
4)    El lenguaje cognoscitivo enuncia de algo si existe o no o se es o no de un cierto modo y por eso sus enunciados son verdaderos o falsos. En el lenguaje emotivo es indiferente la verdad o la falsedad.
5)    El lenguaje cognoscitivo es un lenguaje abierto, susceptible de rectificación, de acuerdo con las observaciones. El lenguaje emotivo es un lenguaje cerrado: la obra de arte es inmodificable y forma un universo aparte una vez terminada.

  Puesto que el lenguaje poético es acabado en sí mismo, su estudio consiste esencialmente en el análisis de sus estructuras fácticas (Pius Servien). Según esta posición, el lenguaje poético debería ser estudiado como si sus expresiones carecieran de significación y, por lo tanto, de dimensión semántica. Pero se ha advertido que la dimensión semántica no solamente no puede ser eliminada de la poesía, sino que constituye su característica más destacada. Esto quiere decir que una expresión poética en vez de no decir nada dice, por el contrario, muchas cosas.
  Esto es, fundamentalmente porque el lenguaje poético es primordialmente implícito en tanto que el lenguaje científico es explícito. (Ver “Formalismo”).

LA PRAGMÁTICA (idem. Pág. 463)

  La pragmática consiste en el estudio de la relación existente entre los signos y los sujetos que usan los signos.
  Morris la define como “aquella parte de la semiótica que trata del origen, usos y efectos producidos por los signos en la conducta dentro de la cual aparecen”. Es una concepción behaviorista de la pragmática.
  Según Martin, hay distintos niveles de pragmática:

1.     el estudio de ciertas relaciones entre la expresión de un lenguaje y quienes lo usan (relaciones como aceptación, aserto, formulación y creencia);
2.     el estudio que tiene en cuenta las acciones y la conducta de quienes usan los signos como respuesta a estímulos lingüísticos;
3.     el estudio que tiene en cuenta varias características sociales del lenguaje.

LOS ACTOS DE HABLA (idem. Tomo I. pág. 505)

  El término performative se traduce por ejecutivo, y el término performative utterances por expresiones ejecutivas.
  Austin distingue entre ejecutivo y constativo.
  Las expresiones cosntativas hacen constar algo determinado, que puede ser verdadero o falso.
  Las expresiones ejecutivas se caracterizan porque las personas que las usan hacen algo (ejecutan algo) al usarlas en vez de decir meramente algo. Por ejemplo:

expresión ejecutiva: “Me disculpo”. “Te bautizo con el nombre de…” “Lo prometo”, que pueden ser verdaderas o falsas.
Estas expresiones requieren para ser aceptadas como tales el pronunciarse dentro de ciertas circunstancias y convenciones. Las expresiones ejecutivas pueden ser “felices” o “infelices”, dependiendo de si se cumplen las condiciones antes mencionadas.
Otras expresiones ejecutivas son las de modo impersonal en las que ese anuncia o se prohíbe  algo. Por ejemplo:

“Se prohíbe arrojar papeles”, es ejecutivo porque la expresión es a la vez ejecución del acto de prohibición.
  Las expresiones constativas pueden ser verdaderas o falsas.
  Acto elocucionario es la ejecución de un acto al decir algo, en contraste con la ejecución del acto de decir algo. Por ejemplo:

-          Acto elocucionario: “Arguyo que…”
-          Acto locucionario: “Dijo que…”
-          Acto perlocucionario: “Me convenció de que…”

  Austin se ha ocupado de:

1.     la dimensión de “felicidad-infelicidad”.
2.     una fuerza elocucionaria.
3.     la dimensión de verdad-falsedad.
4.     un significado locucionario (significación y denotación).

LA SEMIÓTICA (idem. Tomo II. Pág. 637)

  En la antigüedad el término designaba la parte de la medicina que interpretaba los signos de las enfermedades (sintomatología, diagnóstico y terapéutica).
  Actualmente, semiótica designa la ciencia general de los signos.
  Morris considera que hay dos tipos de semiótica: la mentalista (psicológica), según la cual el intérprete del signo es el espíritu y el interpretante es un concepto; y la conductista, según la cual el intérprete es un organismo y el interpretante es una secuencia conductista (beheviorista).
  La semiótica se divide en tres partes:

1.     la sintaxis, que se ocupa de los signos con independencia de lo que designan y significan. Es el estudio de las relaciones de los signos entre sí.
2.     la semántica, que se ocupa de los signos en relación con los objetos designados.
3.     la pragmática, que se ocupa de los signos en su relación con los sujetos que los usan.

  Esta división se explica porque los metalenguajes tienen tres dimensiones: la sintáctica, la semántica y la pragmática.
  La separación entre semántica y pragmática no está bien definida.
  Se distinguen, también, dos semióticas:
1.     la semiótica lógica,
2.     la semiótica no lógica, o estética.

EL SIGNO:

  La palabra signo proviene del griego   shmeion, que significa señal (verbal) que representa algo (o que está en lugar de algo).
  Símbolo es una clase de signo. Los símbolos son signos no naturales. Tienen un carácter social, colectivo (por ejemplo: una bandera nacional).
  En cuanto al término señal, es sinónimo de signo.
  Según Carnap, hay tres tipos de signos:

1.     signos índices: tienen una conexión causal. Por ejemplo: el humo como signo de fuego.
2.     signos icónicos: similidad del signo con lo significado. Por ejemplo: una fotografía.
3.     símbolos: la coordinación del signo con el objeto es convencional. Por ejemplo: La lengua.

LA SEMÁNTICA:

  Según Tarski, la semántica es una disciplina que trata de ciertas relaciones entre las expresiones de un lenguaje y los objetos a los cuales se refieren tales expresiones. Como la semiótica es un metalenguaje, es una de las dimensiones de la semiótica.

METALENGUAJE (idem. Tomo II. Pág. 193)

  Hay que distinguir entre el lenguaje dado y el lenguaje de este lenguaje.
  El lenguaje dado es el llamado lenguaje objeto. El lenguaje del objeto lenguaje es llamado metalenguaje.
  El metalenguaje es el lenguaje en el cual se habla de un objeto lenguaje. El objeto lenguaje es el lenguaje acerca del cual habla el metalenguaje.
  El objeto lenguaje es inferior al metalenguaje en cuanto a la posición de un lenguaje. Por ejemplo:

“Los cuerpos se atraen en razón directa de sus masas e inversa al cuadrado de las distancias”, es verdadero.
“Los cuerpos se atraen en razón directa de sus masas e inversa al cuadrado de las distancias” es una expresión que pertenece al objeto lenguaje de la física, y “es verdadero”, es una expresión que pertenece al metalenguaje del objeto lenguaje de la física. (Porque, en las ciencias, todo enunciado es verdadero o falso).

Fragmentos



Extractos de SAUSSURE,F. (1916): Curso de lingüística general [Alianza ed., Madrid 1987]


Sincronía - diacronía

Lo primero que sorprende cuando se estudian los hechos de lengua es que para el sujeto hablante su sucesión es inexistente: el hablante está ante un estado. Así el lingüista que quiere comprender ese estado tiene que hacer tabla rasa de todo lo que lo ha producido y desentenderse de la diacronía. nunca pordrá entrar en la conciencia de los sujetos hablantes más que suprimiendo el pasado. La intervención de la historia sólo puede falsear su juicio. [Parte I; cap. III; § 2; p. 106]


Lengua - habla

Si pudiéramos abarcar la suma de las imágenes verbales almacenadas en todos los individuos, entonces toparíamos con el lazo social que constituye la lengua. Es un tesoro depositado por la práctica del habla en los sujetos que pertenecen a una misma comunidad, un sistema gramatical virtualmente existente en cada cerebro o, más exactamente en los cerebros de un conjunto de individuos, pues la lengua no está completa en ninguno, no existe perfectamente más que en la masa. (...) Al separar la lengua del habla se separa a la vez: 1º lo que es social de lo que es individual; 2º lo que es esencial de lo que es accesorio y más o menos accidental. [Intr.; cap. III; § 2; pp. 29-30]


El signo lingüístico

Lo que el signo lingüístico une no es una cosa y un nombrem sino un concepto y una imagen acústica. La imagen acústica no es el sonido material, cosa puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos; esa imagen es sensorial, y si llegamos a llamarla "material" es solamente en este sentido y por oposición al otro término de la asociación, el concepto, generalmente más abstracto. (...)
El signo lingüístico es, pues, una entidad psíquica de dos caras, que puede representarse por la siguiente figura:
 


Estos dos elementos están íntimamente unidos y se reclaman recíprocamente. (...)
Esta definición plantea una importante cuestión de terminología. Llamamos signo a la combinación del concepto y de la imagen acústica: pero en el uso corriente este término designa generalemente la imagen acústica sola, por ejemplo una palabra. Se olvida que si llamamos signo a <una palabra> no es más que gracias a que conlleva el concepto, de manera que la idea de la parte sensorial implica la del conjunto.
La ambigüedad desaparecería si designáramos las tres nociones aquí presentes por medio de nombres que se relacionen recíprocamente al mismo tiempo que se opongan. Y proponemos conservar la palabra signo para designar el conjunto y reemplazar concepto e imagen acústica respectivamente con significado y significante.


Arbitrariedad del signo lingüístico

El lazo que une el significante al significado es arbitrario; o bien, puesto que entendemos por signo el total resultante de la asociación de un significante con un significado, podemos decir más simplemente: el signo lingüístico es arbitrario.
Así, la idea de sur no está ligada por relación alguna interior con la secuencia de sonidos s-u-r que le sirve de significante; podría estar representada tan perfectamente por cualquier otra secuencia de sonidos. Sirvan de prueba las diferencias entre las lenguas y la existencia misma de lenguas diferentes: el significado "buey" tiene por significante [bwei] a un lado de la fontera franco-española y [böf] (boeuf) al otro, y al otro lado de la frontera francogermana es [oks] (Ochs) [Parte I; cap. I; § 2; p. 90]


Arbitrariedad absoluta y arbitrariedad relativa

El principio fundamental de lo arbitrario del signo no impide distinguir en cada lengua lo que es radicalmente arbitrario, es decir, inmotivado, de lo que no lo más que relativamente. sólo una parte de los signos son absolutamente arbitrarios; en otros interviene un fenómeno que permite reconocer grados en lo arbitrario sin suprimirlo: el signo puede ser relativamente motivado.
Así veinte es inmotivado, pero diecinueve no lo es en mismo grado, porque evoca los términos de que se compone y otros que le están asociados, por ejemplo diez, nueve, veintinueve, diez y ocho, diez mil, etc. [2ª P.; cap. VI; §3;  163-4]

[La lengua como sistema de valores]

Valor y significación

 El valor de una palabra no estará fijado mientras nos limitemos a consignar que se puede "trocar" por tal o cual concepto, es decir. que tiene tal o cual significación; hace falta además compararla con los valores similares, con las otras palabras que se le pueden oponer. Su contenido no está verdaderamente determinado más que por el concurso de lo que existe fuera de ella. Como la palabra forma parte de un sistema, está revestida no sólo de una significación, sino también, y sobre todo, de un valor, lo cual es cosa muy diferente.
Algunos ejemplos mostrarán que es así como efectivamente sucede. El español carnero o el francés mouton pueden tener la misma significación que el inglés sheep, pero no el mismo valor, y eso por varias razones, en particular porque al hablar de una porción de comida ya cocinada y servida a la mesa, el inglés dice mutton y no sheep. La diferencia de valor entre sheep y mouton o carnero consiste en que sheep tiene junto a sí un segundo término, lo cual no sucede con la palabra francesa ni con la española.
Dentro de una misma lengua, todas las palabras que expresan ideas vecinas se limitan recíprocamente (...). Así el valor de todo término está determinado por lo que lo rodea. [2ª P.; cap. IV; § 2; p. 145]

Valor y significante

Si la parte conceptual del valor esta constituída únicamente por sus conexiones y diferencias con los otros términos de la lengua, otro tanta se puede decir de su parte material. Lo que importa en la palabra no es el sonido por sí mismo, sino las diferencias fónicas que permiten distinguir esas palabras de todas las demás, pues ellas son las que llevan la significación.
Quizá esto sorprenda, pero en verdad ¿dónde habría la posibilidad de lo contrario? Puesto que no hay imagen vocal que responda mejor que otra a lo que se le encomienda expresar, es evidente, hasta a priori, que nunca podrá un fragmento de lengua estar fundado, en último análisis, en otra cosa que en su no coincidencia con el resto. Arbitrario y diferencial son dos cualidades correlativas." [2ª P.; cap. IV; § 3;  p. 148]

La lengua como sistema de relaciones opositivas

 En la lengua no hay más que diferencias. Todavía más: una diferencia supone, en general, términos positivos entre los cuales se establece; pero en la lengua sólo hay diferencias sin términos po­sitivos. Ya se considere el significante, ya el significado, la lengua no comporta ni ideas ni sonidos pre­existentes al sistema lingüístico, sino solamente diferencias conceptuales y diferencias fónicas resultan­tes de ese sistema. Lo que de idea o de materia fónica hay en un signo importa menos que lo que hay a su alrededor en los otros signos. La prueba está en que el valor de un término puede modificarse sin to­car ni a su sentido ni a su sonido, con sólo el hecho de que tal otro término vecino haya sufrido una modificación.  [2ª P.; cap. IV; § 4; pp. 150-151)

Relaciones sintagmáticas

    En el discurso, las palabras contraen entre sí, en virtud de su encadenamiento, relaciones fundadas en el carácter lineal de la lengua, que excluye la posibilidad de pronunciar dos elementos a la vez. Los elementos se alinean uno tras otro en la cadena del habla. Estas combinaciones que se apoyan en la extensión se pueden llamar sintagmas. (...) La oración es el tipo de sintagma por excelencia. Pero la oración pertenece al habla, no a la lengua; ¿no se sigue de ahí que el sintagma pertenece al habla?. No lo creemos así. Lo propio del habla es la libertad de combinaciones; hay, pues, que preguntarse si todos los sintagmas son igualmente libres.
    Hay que atribuir a la lengua, no al habla, todos los tipos de sintagmas construidos sobre formas regulares. En efecto, como nada hay de abstracto en la lengua, esos tipos sólo existen cuando la lengua ha registrado un número suficientemente grande de sus especímenes. Es lo que pasa con las oraciones y grupos de palabras establecidas sobre patrones regulares; combinaciones como la tierra gira, ¿qué te ha dicho?, responden a tipos generales que a su vez tienen su base en la lengua en forma de recuerdos concretos.
    Pero hay que reconocer que en el dominio del sintagma no hay límite señalado entre el hecho de lengua, testimonio del uso colectivo, y el hecho de habla, que depende de la libertad individual. [2ª P.; cap.V; §1-2; pp. 154-157]

Relaciones asociativas

Por otra parte, fuera del discurso, las palabras que ofrecen algo de común se asocian en la memoria, a así se forman grupos en el seno de los cuales reinan relaciones muy diversas. Así la palabra francesa enseignement hará surgir  inconscientemente en el espíritu un montón de otras palabras (enseigner, renseigner,etc. o bien  armement, changement, etc., o bien education, apprentisage); por un lado o por otro todas tienen algo de común.
Estas coordinaciones son de muy distinta especie que las primeras [las relaciones sintagmáticas]. Ya no se basan en la extensión; su sede está en el cerebro, y forman parte de ese tesoro interior que constituye la lengua de cada individuo. Las llamaremos relaciones asociativas.[ [2ª P.; cap.V; §1; 154-155]

LINGÜÍSTICA ESTRUCTURAL (Selección de textos)

Concepto de lingüística estructural [Hjelmslev; L. (1948): "La lingüística estructural", en Ensayos lingüísitcos]

    Entendemos por lingüística estructural un conjunto de investigaciones que descansan sobre la hipótesis de que es científicamente legítimo describir el lenguaje como si fuera esencialmente una entidad autónoma de dependencias internas o en una palabra, una estructura
    (...)Ante todo, la hipótesis pretende que se conciba el lenguaje esencialmente como una entidad. En esto se opone a toda hipótesis que quisiera concebir el lenguaje esencialmente como un conglomerado o conjunto fortuito de elementos heterogéneos. (...)
    Luego, se concibe la entidad como algo esencialmente autónomo. Aquí nuestra hipótesis se opone a cualquier otra cosa que considere el lenguaje esencialmente en función de otra cosa. (...) Propone una lingüística inmanente.
    Finalmente, la hipótesis pide que se considere esta entidad autónoma como constituida esencialmente por dependencias internas. Sostiene que el análisis de esta entidad permite detectar constantemente partes que se condicionan recíprocamente y cada una de las cuales depende de otras y no sería concebible ni definible sin ellas.


Sincronía - diacronía [Tesis del Círculo de Praga (1929) presentadas  en el 1º Congreso Internacional de Eslavistas]

La mejor manera de conocer la esencia y el carácter de una lengua es el análisis sincrónico de los hechos actuales que por sí solos ofrecen datos completos, y de los que se puede tener un sentimiento directo.  (...) Debe considerarse igualmente la concepción de la lengua como sistema funcional en el estudio de estados lingüísticos pasados, tanto si se trata de reconstruirlos como de constatar su evolución. No se pueden poner barreras infranqueables entre los métodos sintónico y diacrónico, como hace la escuela de Ginebra. Si en lingüística sincrónica se consideran los elementos del sistema de la lengua desde el punto de vista de sus funciones, no se pueden juzgar tampoco los cambios sufridos por la lengua sin tener en cuenta el sistema que se halla afectado por dichos cambios. Los cambios lingüísticos apuntan a menudo al sistema, a su estabilización o a su reconstrucción, etc. De este modo, el estudio diacrónico no sólo no excluye en absoluto las nociones de sistema y de función, sino que, por el contrario, de no tener en cuenta tales nociones, resulta incompleto.
Por otro lado, la descripción sincrónica tampoco puede excluir la noción de evolución, ya que incluso en un corte considerado sincrónicamente existe la conciencia del estado en formación; los elementos lingüísticos percibidos como arcaísmos y, en segundo lugar, la distinción entre formas productivas y no productivas son hechos de diacronía que no se pueden eliminar de la lingüística sincrónica.


Sistema, norma y habla [Coseriu (1952): "Sistema, norma y habla", en Teoría del lenguaje y lingüística general]

El hablar concreto puede considerarse en su realidad inmediata como acto lingüístico o como suma de actos lingüísticos registrados. (..) Sobre la base del mismo hablar concreto, única realidad investigable del lenguaje, han de elaborarse los conceptos de norma y sistema. En efecto, los actos lingüísticos son actos de creación inédita, pero son al mismo tiempo —por la mismo condición esencial del lenguaje, que es la comunicación—, actos de re-creación. O sea que el individuo crea su expresión en una lengua, habla una lengua, realiza moldes, estructuras, de la lengua de su comunidad. En un primer grado de formalización, esas estructuras son simplemente normales y tradicionales en la comunidad, constituyen lo que llamamos norma; pero, en un plano de abstracción más alt, se desprenden de ellas mismas una serie de propiedades esenciales e indispensables, de oposiciones funcionales: lo que llamamos sistema.
Las lenguas se extienden, no sólo en la comunidad y en el espacio, sino también en el tiempo: se trata de un concepto histórico (cf. "la lengua española desde los orígenes hasta nuestros días"), mientras que sistema y norma son conceptos estructurales y, por eso mismo, sincrónicos; es decir que la lengua es continuidad, mientras que el sistema y la norma son estaticidad: se trata de conceptos que se refieren al "ser" y no al "devenir"

Esquema, norma y uso [Hjelmslev (1943): "Lengua y habla", en Ensayos lingüísticos ]

<La lengua> cabe entenderla:


a) como una forma pura, definida con independencia de su realización social y de su manifestación material
b) como una forma material, definida por una realización social dada pero con independencia aún del detalle de la manifestación
c) como un simple conjunto de hábitos adoptados en una sociedad dada y definidos mediante las manifetaciones observadas.


    Elegiremos unos nombres con los que designar estas tres acepciones: a) esquema, es decir, lengua forma pura; b) norma, es decir, lengua forma material; c) uso, es decir, el conjunto de hábitos
    (...) De las tres acepciones, la que concibe la lengua como esquema es la más próxima al sentido que asignamos habitualmente a esta palabra cuando se trata , en la práctica, de identificar una lengua (...) Sólo ella despoja a la lengua de todo carácter material y sirve para separar lo esencial de lo accesorio (...) Finalmente, esta acepción está tras lamáxima fundamental según la cual la lengua es una forma, no una sustancia.


Arbitrariedad del signo lingüístico (crítica)
 [BENVENISTE, E.(1939): "Naturaleza del signo lingüístico", Problemas de lingüística general ]


    El razonamiento de Saussure está falseado por el recurso inconsciente a un tercer término, que no estaba incluido en la definición inicial. Este tercer término es la cosa misma, la realidad. (...) Cuando habla de la diferencia entre [böf] y [oks], se refiere a su pesar al hecho de que estos dos términos se aplican a la misma realidad.(...) Sólo si pensamos en el animal "buey" en su particularidad concreta, podemos juzgar arbitraria la relación de [böf] por un lado y [oks] por otro con una misma realidad.(...)
Entre significante y significado, el lazo no es arbitrario; al contrario, es necesario. El concepto ("significado") "buey" es a la fuerza idéntico en mi conciencia al conjunto fónico ("significante") [böf]. ¿Cómo podría ser de otro modo? Los dos juntos han sido impresos en mi espíritu; juntos se evocan en toda circunstancia.


Doble articulación [A. MARTINET (1960): Elementos de lingüística general, ]

    La primera articulación del lenguaje es aquella con arreglo a la cual todo hecho de experiencia que se vaya a transmitir se analiza en una sucesión de unidades, dotadas cada una de una forma vocal y de un sentido.
    Cada una de las unidades de la primera articulación presenta un sentido y una forma vocal (o fónica). Pero no puede ser analizada en unidades sucesivas más pequeñas dotadas de sentido. (...) Pero la forma vocal es analizable en una sucesión de unidades cada una de las cuales contribuye a distinguirla de otras unidades. Esto es lo que se designará como la segunda articulación del lenguaje.
    (...) Las unidades que ofrece la primera articulación, con su significado y su significante, son signos, mejor dicho, signos mínimos, pues ninguno de ellos podría ser analizado en una sucesión de signos. No existe un término universalmente admitido para designar estas unidades. Emplearemos aquí el de monema. (...) el significante está compuesto de unidades de la segunda articulación. Estas últimas son llamadas fonemas. [p. 20-23]


Forma y substancia [HJELMSLEV (1943): Prolegómenos a una teoría del lenguaje ]

Las cadenas jeg véd det ikke (danés), I do not know (inglés), je ne sais pas (francés), en tiedä (finés), naluvara (esquimal), a pesar de todas sus diferencias tienen un factor en común: el sentido, el pensamiento mismo. Este sentido, así considerado, existe porvisionalmente como una masa amorfa, como entidad sin analizar que se define sólo por sus funciones externas <...> En cada una de las lenguas consideradas ha de ser analizado de modo diferente, hecho éste que sólo puede interpretarse como indicativo de que el sentido se ha ordenado, articulado, conformado de distinto modo en las distintas lenguas  


 <....

jeg
véd
Det
ikke

I
do
not
know

Je
ne
sais
pas

e-n
tiedä

naluvara
yo
sé 
Lo
no

yo
aux
no
saber

yo
no
neg

neg-1ºsg
saber

neg-conocer-prog-1sg-3sg
                                                                                                                                              ...>


<...> Reconocemos por tanto en el contenido lingüístico una forma específica, la forma del contenido, que es independiente del sentido y que mantiene una relación arbitraria con el mismo al que da forma en una substancia del contenido. (pp. 77-79)


El análisis estructural [HJELMSLEV (1943): Prolegómenos a una teoría del lenguaje ]

Tanto el objeto sometido a examen como sus partes tienen existencia sólo en virtud de las dependencias: la totalidad del objeto sometido a examen puede sólo definirse por la suma total de las mismas; y cada una de sus partes puede sólo definirse por las dependencias que la unen a otras partes coordinadas, al conjunto y a sus partes del grado próximo, y por la suma de dependencias que estas partes del grado próximo contraen entre sí. Reconocido esto, resulta que los ‘objetos’ del realismo ingenuo son tan sólo, desde nuestro punto de vista, intgersecciones de grupos de tales dependencias. Es decir, únicamente pueden describirse con su ayuda y ser definidos científicamente de este modo.  (p. 41)

Relaciones sintagmáticas y paradigmáticas [HJELMSLEV (1943): Prolegómenos a una teoría del lenguaje ]

<Una distinción importante > es la que existe entre la función “tanto...como” y la función “o...o”. Esto es lo que entraña la distinción entre proceso y sistema: en el proceso, en el texto existe una relación “tanto ... como”, una coexistencia entre los funtivos intervinientes; en el sistema existe una relación “o...o”, una alternancia entre los funtivos. Considérese el ejemplo (grafémico)

                                                     cal
                                                     son

Intercambiando la c y la s, la a y la o, la e y la n respectivamente, obtenemos palabras diferentes: cal, can, col, con, son, sol, san, sal. Cada una de estas entidades es una cadena que entra en el proceso (texto) lingüístico; por otra parte, c y s juntas, a y o juntas,y l y n juntas forman un paradigma, que entra en el sistema lingüístico. (pp. 58-59).


Relaciones sintagmáticas [G. ROJO (1983): "Sobre las relaciones sintagmáticas", en Homenaje a Lázaro Carreter]

La paradigmáticas y las sintagmáticas son dos clases de relaciones lingüísticas, las dos clases generales de relaciones lingüísticas. Toda relación detectada ha de ser adscrita a una de esas dos categorías. (...)
Las relaciones sintagmáticas pueden ser lineales o no-lineales. De otra parte, en sintaxis es necesario distinguir, como mínimo, las siguientes subclases de relaciones sintagmáticas: secuenciales (situación de un elemento con respecto a otros), constitutivas, conectivas (coordinación, subordinación, interordinación) y funcionales. Las secuenciales y las conectivas son relaciones sintagmáticas lineales. Las constitutivas y las funcionales, que establecen un vínculo entre parte y todo, son sintagmáticas no-lineales. [p 542]







Escuela Normal Prof. Víctor Mercante

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